Puede ser difícil, incluso aterrador, lo más normal es que encontremos todo tipo de razones para no hacerlo, que pensemos “lo mío no tiene arreglo”, “¿cómo va a solucionarme algo contar lo que me sucede?”. Tal vez hayamos tenido alguna experiencia previa que prefiramos no volver a experimentar, al fin y al cabo, la soledad nos aleja en un primer momento de experiencias potencialmente desagradables y de explicar nuestro punto de vista a terceras personas, después de todo, ¿cómo sé que me van a poder entender?

Es un hecho conocido que cuando nuestro estado de ánimo decae y nos sumimos en un estado depresivo, intentamos por todos los medios evitar el sufrimiento. Nos encontramos frágiles y vulnerables. Nuestra intuición puede indicarnos que necesitamos estar solos, que no estamos preparados para enfrentarnos al mundo y que es mejor protegernos en la seguridad de nuestra soledad.

Los seres humanos tenemos la brillante capacidad de proyectar nuestro futuro y de adelantarnos a las circunstancias antes de que sucedan. Sin embargo, también somos susceptibles de poner nuestra capacidad para razonar en manos de nuestras emociones, de evitar a toda costa el sufrimiento y, de paso, impedirnos vivir las experiencias que nos podrían hacer cuestionar nuestra manera de vernos a nosotros mismos y nuestro futuro.

Desde el teléfono contra el suicidio queremos transmitirte que no estás solo, a diario recibimos muchas llamadas de personas en situación similar a la tuya y, sobre todo, queremos que sepas que nos importa tu bienestar. Como profesionales sabemos lo difícil que es dar el paso, y también lo importante que resulta que alguien recoja nuestro sufrimiento sin juzgarlo.

La motivación y la felicidad se construye con el esfuerzo diario. Por ello te pedimos que nos des la oportunidad de orientarte a abrir nuevas puertas que te lleven a generar tus propias soluciones.

Javier “escucha del Teléfono contra el suicidio”