El psiquiatra Víctor Pérez-Solá, responsable del área de Psiquiatría del Hospital del Mar, de Barcelona, es asesor de la Generalitat en la atención de las conductas suicidas y uno de los artífices del Codi Risc Suicidi (CRS) con el que la Conselleria de Salut se propone acotar la forma más grave de autolesión humana. Este programa peventivo se ha extendido al 60% de la población catalana y está previsto que alcance al 100% en el 2016. En Catalunya mueren por suicidio cada año una media de 550 personas (3.500 en el conjunto de España). Estas cifras triplican a las causadas por accidentes de tráfico, pero, a diferencia de lo que ocurre con estos, no existe una conciencia colectiva que contribuya a frenar el suicidio. “Si un motorista conduce sin casco, el resto de automovilistas le increparan, pero si un vecino nos dice que le gustaría no despertar mañana, lo más probable es que lo invitemos a un café, distraerlo”, dice Pérez-Solá.

-¿Qué deberíamos hacer con ese vecino? Acompañarlo ante un psiquiatra de guardia, que están en los hospitales para eso, para que valore si está en riesgo de darse muerte. Son personas a las que no se puede perder de vista. En un hospital, es más fácil controlarlas que en casa, aunque también se nos mata algún paciente.

Thank you for watching

-¿Qué suele haber comentado un suicida antes de intentar darse muerte? Cosas como: “Este tipo de vida que llevo no vale la pena vivirla”, o “más me valdría morir esta noche” o “me gustaría que me atropellara un coche”, cosas así. Algunos incluso dicen: “Estoy pensando en matarme”. La sociedad debería estar sensibilizada para captar que ese tipo de frases merecen una gran atención. Hay que darles toda la importancia, y actuar de la misma forma que haríamos si un amigo nos dice que le duele la zona del corazón y no siente el brazo izquierdo.

-¿En qué consiste el Codi Risc Suicidi? En preparar a los médicos de familia para que estén atentos ante actitudes de clara desatención personal de sus pacientes, y que les pregunten cómo afrontan su vida. Y en enlazar a quien ya ha intentado darse muerte, y ha sido atendido en un hospital, con el psiquiatra que lo atenderá a partir de entonces. Ese psiquiatra a su vez es informado de que el enfermo que acaba de recibir el alta médica irá a verlo. Y también el 061, para que realice un control periódico de esa persona.

-¿Quien decide darse muerte lo comenta antes con alguien? Un 80% expone sus ideas a personas de su entorno. El 40%, dicen las estadísticas, lo ha comunicado a personal del sistema sanitario.

-¿Porqué decide suicidarse una persona? Hay tantos motivos como individuos. Solo podemos controlar los factores de riesgo. Haberlo intentado ya alguna vez, es el principal. Estar deprimido o sufrir una enfermedad mental, son otros elementos de riesgo a controlar.

-¿La idea de darse muerte es permanente? La idea suicida siempre es transitoria, fluctuante y ambivalente. El suicida se caracteriza por combinar una inmensa desesperanza con una gran ambivalencia. Como no ve solución a su sufrimiento insoportable, ve su propia muerte como una vía menos dolorosa.

-Pero dice que es una conclusión transitoria. Cambia en un corto espacio de tiempo: ese es el momento en que otra persona puede ser de ayuda. Carmen Tejedor, una psiquiatra del Hospital de Sant Pau que analizó en profundidad el pensamiento suicida, demostró que entre que un suicida piensa en darse muerte y el momento en que actúa transcurren 90 minutos, como media. Si pasa más tiempo, esa persona empieza a dudar y muy posiblemente no lo haga.

-Esa es la ambivalencia. Sí. El deseo de morir y vivir, a la vezcaracteriza a estas personas. La mayoría de personas que toman un montón de pastillas con intención de matarse, inmediatamente después de haberlo hecho llaman a alguien y lo explican, o telefonean al 061 e informan de ello. También suelen dejar pistas que les permite ser encontrados. Si se salvan, después te explican que en el momento en que estaban tomando las pastillas ya estaban pensando en que no querían morir. No soportan el sufrimiento que sienten y entran en una especie de túnel en el que solo ven esa opción, pero a la vez son conscientes de que eso es una barbaridad.

-¿Ese cambio, de la muerte a la vida, se produce aunque las circunstancias externas no hayan cambiado? Aunque ningún motivo externo haya variado, si dejan de pensar que darse muerte es la solución, ya no lo hacen. O no en ese momento. Y te dicen: “¿Cómo se me ocurrió pensar eso?” Es muy importante disuadirlos.

-Con métodos disuasorios. Sí. Son muy efectivos. Hay lugares públicos que son una auténtica tentación para el suicida. Cuando pusieron paneles de metacrilato en el acueducto de Madrid situado junto al Palacio Real, dejó de ser un punto masivo de suicidios. Y lo mismo ha ocurrido en las estaciones del metro, de Barcelona y Madrid, en las que se han colocado mamparas. El edificio de Les Arenes de Barcelona lo inauguraron sin mamparas de protección en el último piso: al segundo o tercer suicidio, las colocaron y ya no ha habido más muertes por lanzamiento. Es conocida la historia del Golden Gate de San Francisco, en EEUU.

-En el pasado un puente de suicidas. Pusieron barreras, un teléfono de crisis cada 100 metros y un guardia motorizado que va de una punta a otra y observa si alguien está mirando al agua. Así dejaron de haber centenares de suicidios cada año. EEUU tiene una estrategia ante esta forma de muerte. En España se aprobó por unanimidad una ley en el Congreso, en el 2014, pero nunca se ha aplicado. Cada comunidad autónoma hace sus planes.

-¿Porqué hay personas que se suicidan de forma espectacular, o en el metro, y otros buscan la soledad de una habiación de hotel? La conducta suicida casi siempre tiene un componente de comunicación. Algunos suicidas pretenden lanzar un mensaje con su muerte. Otras se quitan la vida por un cortocircuito mental: estos suelen lanzarse a las vías del metro.

-¿Un cortocircuito? El suicidio en el metro es cosa de minutos: un cortocircuito. Un chico recibe un mensaje de móvil de su novia diciéndole que se acabó, y él baja al metro y se suicida. Si en ese momento se encuentra con un amigo, no se quitará la vida. Esto no es ficción. Lo cuentan los familiares supervivientes, que son personas que quedan sujetas a un inmenso sufrimiento el resto de sus vidas. Cuesta mucho sobrevivir a un hijo, una esposa o una madre que se han quitado la vida. No quiero ni pensar en el insoportable sufrimiento del marido de la mujer que murió en Girona hace dos días.